Otra vez la misma película (y no pasa nada)

Las películas y los libros confort funcionan como un refugio. Sabemos qué va a ocurrir, cómo reaccionarán los personajes, qué sucederá en cada capítulo y en qué momento nos vamos a emocionar. No tenemos que aprender nombres, entender un mundo nuevo ni arriesgarnos a que la historia nos decepcione. Cuando estamos cansados o tenemos demasiadas cosas en la cabeza, lo conocido nos permite desconectar sin exigirnos mucho.

Además, una historia confort no tiene por qué ser alegre. Puede hacernos llorar y tener un final que odiamos. Lo importante es que ya sabemos qué emociones nos va a provocar y ya estamos preparados. La incertidumbre desaparece y, con ella, parte del esfuerzo que supone enfrentarnos a algo nuevo.

Porque empezar una historia desconocida es una pequeña apuesta. Tenemos que dedicarle tiempo y atención sin saber si realmente nos gustará o no. Puede que la película sea aburrida y que sintamos que hemos desperdiciado dos horas. A esto se suma la enorme cantidad de opciones disponibles. Elegir entre cientos de opciones puede resultar tan agotador que terminamos recurriendo a aquello que sabemos que funciona.

También volvemos a ciertas historias porque están unidas a nuestros recuerdos. Una película puede trasladarnos a una época concreta o evocarnos ciertos recuerdos. Lo mismo ocurre con un libro lleno de anotaciones antiguas. Por eso releer o volver a ver algo nunca es solo repetir la experiencia. La historia siempre es la misma, pero nosotros no.

El problema aparece cuando el refugio se convierte en una barrera. Si nunca damos una oportunidad a nada diferente, acabamos encerrados en lo conocido. No hace falta convertir cada noche de sofá en un suplicio, pero sí conviene preguntarnos si estamos eligiendo repetir lo mismo por gusto o es el miedo a equivocarnos el que nos mueve.

Quizá la solución sea encontrar un equilibrio. Podemos regresar a nuestras historias favoritas cuando necesitamos calma y reservar otros momentos para probar algo distinto. Al fin y al cabo, todas nuestras películas y libros confort fueron desconocidos alguna vez. Para encontrar el próximo refugio, primero tenemos que atrevernos a entrar en una historia que todavía no se siente como casa.

Celia González

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