Generación frustrada: punk reinventado

SEGUNDA PARTE: ACTUALIDAD NACIONAL

Tras su nacimiento en los años setenta y su consolidación en los años ochenta, el punk queda relegado a círculos más underground durante los noventa y los primeros años dos mil, sin llegar a desaparecer del todo. Pero, como todas las modas y atendiendo a su misión social y combativa, el punk remonta y se articula de nuevo, adaptándose a los nuevos tiempos. Varias condiciones preparan el caldo de cultivo necesario para este revival; la primera, la crisis de 2008, que trae consigo, irremediablemente, precariedad laboral y una tasa alta de desempleo juvenil. Muchas bandas recuperan sonidos más agresivos y encuentran nuevas alternativas online para dar a conocer su música.

Al mismo tiempo, plataformas como Youtube y la proliferación de las redes sociales permiten que muchos artistas puedan desarrollar sus propios sellos musicales sin necesidad de depender de grandes discográficas. A nivel internacional, grupos como Green Day, Blink-182 o Interpol mantienen vivo el espíritu del punk y ayudan a la renovación del género para las generaciones venideras. En España ocurre algo similar con bandas como Ska-P, Boikot o Lendakaris Muertos, cuyos temas siguen abordando la crítica política y el descontento social.

«Como todas las modas y atendiendo a su misión social y combativa, el punk remonta y se articula de nuevo, adaptándose a los nuevos tiempos»

Todo aquel contexto termina desembocando, años más tarde, en el surgimiento de bandas influenciadas por el punk y el post-punk, así como en nuevas escenas alternativas alimentadas por movimientos sociales como el 15-M y las consecuencias de la crisis económica de 2008. A nivel internacional destacaron grupos como IDLES o Fontaines D.C., mientras que en España bandas como Biznaga, Futuro Terror o La Plata comenzaron a retratar el malestar de una generación que, de nuevo, miraba al futuro con desconfianza.

Y, si algo podía ocurrir en el transcurso de la década de los dos mil que propiciase el nacimiento de una nueva ola del género predilecto para expresar la incertidumbre, era una pandemia mundial. Tras la crisis sanitaria de 2020 provocada por el Covid-19, el punk experimenta un nuevo auge. Esta vez se manifiesta más frecuentemente en forma de post-punk, el cual se retrata como un subgénero que llega cargado de nihilismo y ansiedad existencial ante una sociedad cada vez más incierta, en la que las nuevas generaciones han asumido que no solo no podrán vivir como sus padres, sino que muy probablemente sus condiciones serán peores.

La precariedad laboral, el acceso limitado a la vivienda y una crisis sanitaria que nos mantuvo encerrados en casa el suficiente tiempo para pensar en todo lo que no habíamos conseguido ser propiciaron el despertar de ciertos artistas como La Élite, Depresión Sonora o Aiko el Grupo, que, bajo esta insoportable incertidumbre y ante la falta de una superficie firme en la que posar las expectativas de futuro, escriben letras que retratan este malestar compartido por toda una generación.

Actualmente, el punk español no corresponde a un único sonido; es el resultado de su evolución, adecuándose a los meandros generacionales que se han encargado de guiarlo hasta el mosaico de variantes que hoy podemos encontrar. En el panorama nacional conviven diferentes subgéneros que mezclan el espíritu crítico del género con sonidos más contemporáneos. El post-punk de Depresión Sonora apuesta por ritmos más fríos y temas existencialistas, mientras que el synth punk de La Élite combina electrónica y agresividad. Otras bandas como Biznaga recuperan un sonido más crudo y urbano, cercano al garage punk, y grupos como Shego, Las Petunias, Aiko el Grupo o Alcalá Norte mezclan el punk con influencias indie y alternativas.

Y, como suele ocurrir, la naturaleza cíclica de la historia vuelve a demostrar que cada generación se hace responsable de sus propias batallas, y esta, como cualquier otra, ha sabido desgranar los males de su tiempo para ponerlos al servicio de un género que nació para recoger los lamentos generacionales que necesitan ser proclamados para denunciarse y, poéticamente, aliviarse.

«…un género que nació para recoger los lamentos generacionales que necesitan ser proclamados para denunciarse y, poéticamente, aliviarse.»

Parece que capitales como Madrid reviven sus años de proliferación cultural en los márgenes, invitando a sus antros céntricos a una nueva hornada de artistas que, como lo hicieron sus antecesores, se cuestionan su lugar en el mundo y, utilizando los códigos del nuevo orden mundial, vuelven a escribir sobre la falta de esperanza en el futuro y la decepción de convertirte en un adulto frustrado en un entorno hostil. Ahora más que nunca, en un mundo hiperconectado que no entiende el descanso sin productividad, tiene sentido que el arte acuda al rescate para dejar por escrito todo aquello que siente la generación que debe recoger los trozos de unas expectativas no cumplidas y, con suerte, dejar un legado musical que inspire a los artistas que vendrán.

Isabel Portela Díaz

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