“Tenías que estar ahí”: El 2016 como refugio nostálgico

La inauguración del 2026 ha traído consigo una oleada nostálgica de recopilaciones de fotos rescatadas del, tan lejano como icónico, 2016. Desde estrellas de Hollywood hasta creadores de contenido locales, han compartido su carrete personal con fotos y videos que han cumplido una década, donde podemos ver a una versión más joven de ellos mismos y del mundo, siguiendo las tendencias y estilos estéticos de aquel momento.

Filtros en tonos anaranjados, cielos saturados, coronas de flores en festivales de música al aire libre, selfies frente al espejo, chokers, crop tops y labios mate. Tal y como han apuntado algunas de nuestras celebridades, “tenías que estar ahí” y de alguna forma todos estuvimos justo ahí, todos sentimos cierta nostalgia al recordar quienes éramos hace una década.

«Tenías que estar ahí y de alguna forma todos estuvimos justo ahí, todos sentimos cierta nostalgia al recordar quienes éramos hace una década«

El 2016 se percibe en el imaginario colectivo como el año antes de la llegada de una nueva forma de entender las cosas, y si nos aventuramos en la búsqueda de una explicación de porque este año y no uno antes ni después, no podemos dejar pasar el hecho de que, en noviembre de 2016, Donal Trump es elegido por la que ahora sabemos que no será la primera vez, como presidente de Estados Unidos. Evento que marcó un punto de inflexión a nivel político y que, de forma irremediable por la naturaleza radical de su mandato, polariza las discusiones digitales e intensifica el enfrentamiento y el activismo entre los usuarios.

De la misma forma se ha registrado un aumento de la presencia de marcas en redes sociales a partir de 2017 y por lo tanto una escala en la naturaleza estratégica del algoritmo, que se convierte en una máquina generadora de beneficios en manos de estas marcas y por ende refuerza la identidad del producto. Comienzan a consolidarse formatos que más tarde explotarán cambiando nuestra manera de consumir redes sociales, como será TikTok. Aunque a pesar de que intentemos recabar datos concretos que expliquen esta mitificación del 2016, al fin y al cabo, la nostalgia necesita un lugar simbólico en el que construir un refugio, con el que todos nos identifiquemos y al que todos podamos volver.

«El 2016 se percibe en el imaginario colectivo como el año antes de la llegada de una nueva forma de entender las cosas»

Entre todos hemos decidido coronar al 2016 como el año anterior al cambio, el año antes de que todo fuese demasiado rápido y naciese el fenómeno que algunos expertos han empezado a catalogar como “fatiga social”, la obligación de estar conectado, interactuar de forma online con el resto constantemente y la inevitable comparación que esto provoca. Por todo esto, el 2016 se convierte en el año previo a la hiperpolarización, la fatiga algorítmica, la monetización extrema de las redes y con ello la muerte de la espontaneidad.

Los activadores de esta memoria colectiva con la que todos nos identificamos son sin duda las figuras públicas. Fue el año de consolidación y despegue de grandes nombres de la industria musical internacional, tales como Kanye West, Rihanna o Ariana Grande entre otros. Lanzamientos musicales que además de posicionarse en el número uno de las listas, generaron un recuerdo compartido, una banda sonora colectiva, cuando todavía todos escuchábamos lo mismo. De la misma forma la espontaneidad formaba parte de la dinámica que dominaba Instagram, al tratarse de publicaciones menos condicionadas para conseguir un objetivo comercial.

Esto no implicaba necesariamente una mayor naturalidad, entendiendo las redes sociales, y en especial Instagram como un escaparate donde mostrar tu mejor versión, las pinceladas más memorables del conjunto de una vida, para poder generar una idea aspiracional de ti mismo y tus circunstancias. Sin embargo, se trataba de publicaciones no tan pensadas, que por su carácter menos profesional te hacían sentir más cerca del artista, quién como tú se sacaba selfies frente al espejo en los que se reflejaba el flash de la cámara y saturaba el color de sus fotos con filtros exagerados y de alto contraste, los mismos que tu encontrabas al editar tus fotos antes de publicarlas.

«Se trataba de publicaciones no tan pensadas, que por su carácter menos profesional te hacían sentir más cerca del artista»

Aquellos perfiles que antaño jugaron con otras reglas en el campo de las redes utilizan hoy la nostalgia para conectar con sus seguidores, en una estrategia más de acercamiento que de marketing para la venta de algún producto, pero que sin duda resulta beneficiosa para sus cuentas convertidas en empresas millonarias. Es una forma de conectar con su “yo” de aquella época, pero sobre todo de que el público lo haga también. Es la excusa perfecta para desempolvar tu propio carrete de 2016, recordar la persona que eras y echar un vistazo al camino recorrido y todo aquello que ha cambiado desde entonces hasta ahora. Buscar una playlist que recoja los grandes éxitos del momento y recordar las poses y outfits que, aunque muy apropiados para la época, seguramente no repetirías en la actualidad. Utilizamos también estas publicaciones como refugio, como la posibilidad de pausar las tendencias relámpago, las opiniones extremas y esa sensación de que absolutamente todo corre prisa.

Recordar el pasado siempre ha sido un bálsamo infalible para el ser humano, y este 2026 este bálsamo se ha materializado en forma de homenaje al 2016. Y es que la nostalgia siempre funciona, por varios motivos. Más allá de su vinculación patológica a la incapacidad de superar el pasado, la nostalgia se ha revelado como una herramienta adaptativa fundamental para los seres humanos. Por un lado, refuerza nuestra identidad propia, al recordar quienes éramos, pero sobre todo refuerza la identidad colectiva, nos recuerda quienes éramos como generación, esto nos conecta profundamente con nuestros compañeros generacionales ya que todos hemos vivido en el mismo contexto histórico y nuestros recuerdos comparten inevitablemente elementos comunes. Esto genera entre las personas que se identifican con esta nostalgia hacia un momento en concreto, un fuerte y reconfortante sentimiento de pertenencia.

«El 2016 ha sido elegido el paraíso nostálgico al que volver diez años después para descansar de nuestro presente»

2016 no fue un año idílico, ni un momento perfecto. Como cualquier año tuvo sus luces y sombras a nivel político y social y hubo conflictos que ya anticipaban profundos cambios, sin embargo, si ha sido elegido el paraíso nostálgico al que volver diez años después para descansar de nuestro presente. Una sociedad necesitada de nostalgia para regocijarse en la idealización y para entender quiénes somos ahora y que transformaciones sociales nos han llevado hasta aquí.

Quizás echamos de menos una forma de vida que se ha tenido que adaptar al nuevo ritmo del mundo y quizás algún día volvamos al 2026 con las mismas ansias de nostalgia, o por el contrario seremos capaz de crear un presente menos caótico del que no tengamos la necesidad de escapar. Aunque no nos engañemos, el paso del tiempo siempre será el barniz perfecto para convertir los recuerdos en paraísos a los que regresar una y otra vez.

Isabel Portela Díaz

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